LA FERIA DE SAN MATEO: CUANDO HUICHAPAN CELEBRA ENTRE CAMPANAS, NUECES Y MEMORIA
Por Rosendo Rufino
Cuando septiembre comienza a despedirse y los nogales entregan sus frutos, Huichapan vuelve a encontrarse alrededor de una de sus celebraciones más entrañables. Es la fiesta de San Mateo Apóstol, pero el pueblo le dio otro nombre, uno nacido de la tierra y de la cosecha: la Feria de la Nuez.
Hay fiestas que comienzan cuando se encienden las luces.
La de San Mateo comienza mucho antes.
Comienza cuando el nogal despierta.
Cuando las ramas empiezan a cargar el fruto.
Cuando las familias reconocen que septiembre ha llegado nuevamente y, con él, una tradición que durante generaciones ha acompañado la vida de Huichapan.
Cada 21 de septiembre, día dedicado a San Mateo Apóstol, la fe y la cultura popular vuelven a encontrarse. La celebración tradicional se desarrolla alrededor de los días 21 al 23 de septiembre y combina actos religiosos, gastronomía, juegos, pirotecnia y convivencia comunitaria.
Pero para los huichapenses hay una palabra que resume buena parte de esta historia:
nuez.
SAN MATEO: UN NOMBRE ESCRITO EN EL CORAZÓN DE HUICHAPAN
Para comprender la feria hay que mirar primero hacia el corazón histórico de la ciudad.
Allí se levanta la Parroquia de San Mateo Apóstol, parte del extraordinario patrimonio religioso y arquitectónico que distingue a Huichapan. La importancia histórica de este conjunto es tal que forma parte de los inmuebles comprendidos en la Zona de Monumentos Históricos de la ciudad, declarada en 2023.
Durante generaciones, las campanas de San Mateo han acompañado la vida de los habitantes.
Han anunciado celebraciones.
Han despedido a quienes se marchan.
Han convocado a la oración.
Han marcado las horas.
Y cada septiembre vuelven a recordar que la historia de Huichapan también está construida con pequeñas costumbres repetidas durante siglos.
LA FERIA QUE LA TIERRA BAUTIZÓ
Oficialmente es la Feria de San Mateo Apóstol.
Pero el pueblo terminó conociéndola como Feria de la Nuez.
No fue un nombre inventado en un escritorio.
Lo puso la tierra.
La abundancia de nuez durante esta temporada quedó tan profundamente ligada a la celebración que terminó convirtiéndose en uno de sus símbolos. El propio Gobierno Municipal reconoce esta relación entre la festividad de San Mateo y la cosecha estacional del fruto.
Y aquello tiene algo profundamente hermoso.
Porque significa que la feria no solamente seguía el calendario religioso.
También seguía el calendario de la naturaleza.
Llegaba San Mateo.
Llegaba la nuez.
Y Huichapan celebraba ambos.
PARES O NONES: UNA NUEZ, DOS MANOS Y UNA SONRISA
Entre las costumbres más singulares de esta feria permanece el antiguo “Juego de los Pares o Nones”, practicado tradicionalmente entre los habitantes del barrio aprovechando precisamente la abundancia de nueces.
La escena parece sencilla.
Unas nueces escondidas entre las manos.
Una pregunta.
—¿Pares o nones?
Una respuesta.
Después viene la sorpresa.
La risa.
El ganador.
Y nuevamente comienza el juego.
Puede parecer algo pequeño frente a los grandes espectáculos modernos.
Pero allí se encuentra precisamente la grandeza de las tradiciones populares.
No necesitan tecnología para sobrevivir.
Necesitan personas dispuestas a repetirlas.
Quizá un abuelo enseñó alguna vez el juego a su hijo.
Después aquel hijo se convirtió en padre.
Y décadas más tarde otras pequeñas manos volvieron a esconder nueces mientras repetían la misma pregunta.
Así viaja una tradición.
No mediante libros.
De mano en mano.
EL PALO ENCEBADO: MIRAR HACIA ARRIBA
Existe otra escena que pertenece a la memoria de esta feria.
Un largo palo se levanta frente a la multitud.
En lo alto esperan los premios.
Pero llegar hasta ellos requiere fuerza, equilibrio, paciencia y muchas veces varios intentos.
Es el tradicional Palo Encebado, otro de los juegos que el Gobierno Municipal identifica como característico de la Feria de San Mateo.
Alrededor están las familias.
Los amigos gritan consejos.
Los niños observan.
Alguien resbala.
Todos ríen.
Otro vuelve a intentarlo.
Y cuando finalmente alguien alcanza la cima, el premio parece importar menos que la hazaña.
Porque las fiestas antiguas también sabían enseñarnos algo:
caerse podía formar parte del juego; lo importante era volver a subir.
UNA FERIA QUE TAMBIÉN SE COME
Después llegan los aromas.
Antojitos mexicanos.
Dulces.
Comida tradicional.
Bebidas regionales.
Y, naturalmente, la nuez convertida en ingrediente y recuerdo.
La Secretaría de Agricultura ha documentado la Feria de la Nuez como una celebración cultural, gastronómica y religiosa de Huichapan, destacando también productos artesanales y una bebida profundamente identificada con el municipio: el carnavalito.
En una feria, comer nunca significa solamente alimentarse.
Es encontrarse alrededor de una mesa.
Compartir.
Invitar.
Decir:
—Prueba esto.
—Mi abuela lo preparaba así.
—Llévale uno a los niños.
Y entonces una receta termina haciendo lo mismo que una vieja fotografía:
guardar a una familia dentro del tiempo.
CUANDO LLEGA LA NOCHE
Después el sol comienza a ocultarse detrás de los cerros.
Las calles cambian de color.
Se encienden los juegos mecánicos.
La música comienza a escucharse desde lejos.
Las familias continúan caminando.
Y llega la pirotecnia.
Los registros turísticos federales incluyen precisamente los juegos mecánicos y la pirotecnia entre las expresiones características de la Feria de la Nuez.
Entonces ocurre esa escena repetida durante generaciones:
todos miran hacia arriba.
Por unos segundos el cielo de Huichapan se llena de luz.
Un niño observa maravillado.
A su lado, quizá su abuelo recuerda cuando él también fue niño y contempló una noche parecida.
Los fuegos desaparecen rápidamente.
Pero algunos recuerdos permanecen toda la vida.
MÁS QUE UNA FERIA
San Mateo llega apenas unos días después de las grandes celebraciones patrias de septiembre.
Huichapan todavía conserva banderas, memoria insurgente y el orgullo de aquella histórica conmemoración de 1812 cuando comienza otra celebración, mucho más íntima y comunitaria.
Es como si septiembre tuviera dos corazones.
Uno recuerda la patria.
El otro recuerda el pueblo.
Y entre ambos está Huichapan.
Su historia.
Sus templos.
Sus barrios.
Sus familias.
Sus nogales.
CUANDO UNA NUEZ GUARDA LA HISTORIA DE UN PUEBLO
Hoy vivimos otros tiempos.
Las ferias tienen nuevos escenarios.
Los juegos cambian.
La música cambia.
Las generaciones cambian.
Pero cada septiembre la nuez vuelve a caer del árbol.
Y entonces parece recordarnos algo.
Que antes de nosotros estuvieron otros.
Otros niños jugaron pares o nones.
Otros jóvenes caminaron por la feria.
Otros hombres intentaron subir el palo encebado.
Otras mujeres prepararon comida para recibir a la familia.
Otros abuelos contemplaron las luces.
Y otros huichapenses escucharon las mismas campanas de San Mateo.
Por eso conservar una tradición no significa vivir mirando hacia atrás.
Significa saber de dónde venimos mientras seguimos caminando hacia adelante.
Quizá algún día un niño tome una nuez entre sus manos sin saber todavía que sostiene algo más que un fruto.
Dentro de aquella pequeña cáscara también habrá un pedacito de Huichapan.
La cosecha de sus campos.
Las manos de sus mayores.
La alegría de sus ferias.
Y la memoria de generaciones que se negaron a olvidar sus costumbres.
Entonces alguien volverá a cerrar el puño.
Sonreirá.
Y hará aquella antigua pregunta:
—¿Pares o nones?
Y mientras exista alguien capaz de responderla, una pequeña parte de la historia de Huichapan seguirá viva.

