CRÓNICA DE FRANCISCO “EL CHITO” VILLAGRÁN: EL INSURGENTE QUE HIZO DE HUICHAPAN UNA TRINCHERA DE LIBERTAD

Por Rosendo Rufino

Hay hombres que nacen en un pueblo y hay hombres que, con el paso del tiempo, terminan formando parte de su memoria.

Francisco Villagrán, mejor conocido como “El Chito”, pertenece a esa segunda estirpe: la de aquellos personajes cuya vida quedó atrapada entre la historia, la leyenda y el fuego de una nación que comenzaba a luchar por su libertad.

Su nombre permanece unido para siempre a Huichapan, aquella antigua tierra de caminos, arrieros y comerciantes que, al comenzar la Guerra de Independencia, se transformaría en uno de los principales focos insurgentes de la región. Algunas investigaciones históricas lo registran como José María “Chito” Villagrán, mientras otras fuentes lo identifican como Francisco Villagrán; una diferencia documental que todavía acompaña su biografía.

DE LOS CAMINOS DE HUICHAPAN A LA INSURGENCIA

Hacia finales del siglo XVIII, la familia Villagrán tenía profundas raíces en la antigua subdelegación de Huichapan. Sus integrantes estuvieron relacionados con actividades como la arriería y el comercio, formando parte de aquellas redes que recorrían los caminos de la región mucho antes de que comenzaran a recorrerlos los ejércitos insurgentes.

Pero en septiembre de 1810 México comenzó a cambiar.

El llamado de Miguel Hidalgo encendió una rebelión que rápidamente alcanzó estas tierras.

Huichapan se convirtió entonces en uno de los tres grandes frentes insurgentes del territorio que actualmente conocemos como Hidalgo. Allí destacaron Julián Villagrán y su hijo “El Chito”, quienes se levantaron en armas y convirtieron los caminos entre Huichapan, Zimapán, Ixmiquilpan, San Juan del Río y otras poblaciones en escenario permanente de resistencia.

Padre e hijo conocían aquellos caminos.

Sabían dónde esconderse, dónde avanzar y dónde sorprender.

Y aquello que durante años había servido para transportar mercancías comenzó a servir también para transportar hombres, armas, mensajes y esperanzas.

HUICHAPAN, TERRITORIO INSURGENTE

“El Chito” combatió a las fuerzas realistas en diferentes puntos de la región. Participó en acciones militares alrededor de Tequisquiapan y Cadereyta, sostuvo enfrentamientos contra tropas virreinales y terminó haciendo de Huichapan uno de sus principales bastiones.

Su figura, sin embargo, no fue sencilla.

Como muchos personajes nacidos en tiempos de guerra, su historia está llena de claroscuros, enfrentamientos personales, desacuerdos entre los propios insurgentes y episodios controvertidos.

Incluso tuvo diferencias con Ignacio López Rayón, una de las principales figuras políticas del movimiento independentista.

Pero la guerra continuaba.

Y Huichapan resistía.

El 7 de agosto de 1812, las fuerzas encabezadas por “El Chito” consiguieron derrotar en Huichapan a una fuerza realista de alrededor de quinientos hombres.

La insurgencia había encontrado en estas tierras algo más que un refugio.

Había encontrado una fortaleza.

1812: CUANDO HUICHAPAN CELEBRÓ LA LIBERTAD

Pocas semanas después ocurrió uno de los acontecimientos más extraordinarios de la historia huichapense.

En septiembre de 1812 llegó a Huichapan Ignacio López Rayón, acompañado por Andrés Quintana Roo y otros integrantes del movimiento insurgente.

El 16 de septiembre de 1812, mientras la guerra todavía estaba lejos de terminar, Huichapan conmemoró el levantamiento iniciado dos años antes por Miguel Hidalgo.

Hubo artillería.

Hubo campanas.

Hubo memoria.

Y, sobre todo, hubo una palabra que comenzaba a pertenecerle al pueblo:

libertad.

Documentos oficiales del estado de Hidalgo reconocen a Huichapan como cuna de aquella histórica primera celebración del Grito de Independencia.

“El Chito” pertenecía a aquella generación insurgente que había convertido la región en territorio rebelde.

Quizá por eso resulta imposible caminar por la historia de Huichapan sin encontrarse tarde o temprano con los Villagrán.

1813: EL ÚLTIMO COMBATE

Pero toda guerra cobra un precio.

En mayo de 1813, las tropas realistas avanzaron sobre Huichapan.

“El Chito” y sus hombres resistieron.

Las fuerzas insurgentes se refugiaron y combatieron durante horas desde posiciones como la parroquia y el fortín del Calvario, hasta que la superioridad realista terminó imponiéndose.

“El Chito” cayó prisionero.

Entonces comenzó uno de los episodios más dramáticos de la historia de los Villagrán.

Los realistas intentaron utilizar la vida del hijo para conseguir la rendición del padre y la entrega de posiciones insurgentes.

Julián Villagrán no aceptó.

La guerra había colocado frente a él una elección terrible: la sangre de su propia familia o la causa por la que llevaba años combatiendo.

“El Chito” fue fusilado en Huichapan el 14 de mayo de 1813.

Tenía alrededor de treinta años.

Poco después, la guerra también alcanzaría a su padre.

Pero para entonces los Villagrán ya habían escrito su apellido en una historia mucho más grande que ellos mismos.

ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA

Han pasado más de dos siglos.

Los ejércitos desaparecieron.

El estruendo de los fusiles se apagó.

Los caminos insurgentes se convirtieron en carreteras y aquellas antiguas posiciones militares quedaron absorbidas por la vida cotidiana del pueblo.

Pero Huichapan no olvidó.

Hoy Francisco —o José María— “El Chito” Villagrán continúa apareciendo en la memoria cultural de la región. Incluso forma parte de representaciones históricas como La Mesa de los Villagrán, donde personajes del pasado vuelven simbólicamente a conversar con las nuevas generaciones.

Porque la historia no pertenece solamente a los grandes generales cuyos nombres aparecen en los libros.

También pertenece a los pueblos que resistieron.

A los campesinos.

A los arrieros.

A las mujeres que sostuvieron hogares mientras los hombres marchaban.

A quienes transportaron mensajes.

A quienes escondieron insurgentes.

A quienes tocaron las campanas.

Y a quienes alguna vez creyeron que esta tierra podía ser libre.

“El Chito” Villagrán fue un hombre de su tiempo: rebelde, polémico, insurgente y profundamente ligado a Huichapan.

No fue un personaje construido de mármol.

Fue un hombre nacido entre las contradicciones de una sociedad colonial que terminó envuelta en una revolución.

Y quizá precisamente allí reside la fuerza de su historia.

Porque cuando contemplamos las antiguas calles de Huichapan, cuando escuchamos las campanas cada septiembre o miramos hacia los cerros que alguna vez protegieron a los insurgentes, todavía podemos imaginar aquellos días en que hombres como “El Chito” cabalgaban por estos caminos mientras México apenas comenzaba a descubrir su propio nombre.

Francisco “El Chito” Villagrán murió en Huichapan, pero aquella idea por la que combatieron miles sobrevivió a los fusiles.

La llamaron Independencia.

El pueblo la convirtió en memoria.

Y Huichapan hizo de ella una tradición de libertad. 🇲🇽

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