Crónica: Abundio Martínez, el alma musical de Huichapan
Por Rosendo Rufino
En el corazón del barrio de Santa Bárbara, en Huichapan, Hidalgo, nació el 8 de febrero de 1865 Apolonio Abundio de Jesús Martínez Martínez, un hombre cuyo talento musical trascendió las limitaciones de su origen humilde y marcó un capítulo inolvidable en la historia de la música mexicana.
Hijo de José María del Pilar Martínez, un carpintero y director de la banda de música local, Abundio creció entre el aroma del aserrín y las melodías que llenaban las calles de su pueblo. Su padre, un hombre de oficio y arte, le enseñó no solo a manejar la garlopa y la sierra, sino también a tocar el violín, la trompeta y el tambor, sembrando en él una pasión que definiría su vida.
Desde muy joven, Abundio mostró un talento impregnado de la sensibilidad mexicana, Abundio creó un repertorio de más de 200 obras que abarcaban valses, polcas, chotises, danzas, pasodobles, marchas y música de cámara.
Entre sus piezas más célebres destaca el vals Arpa de Oro, dedicado al presidente Porfirio Díaz, una melodía que captura la elegancia y la emotividad de su tiempo.
Otro de sus grandes legados es el pasodoble Hidalguense, un homenaje vibrante a su tierra natal, que resonaba en corridas de toros y desfiles militares, y que incluso fue adoptado como himno por la Marina alemana durante la Segunda Guerra Mundial bajo el título En alta mar.
Abundio no solo componía para las élites; sus obras eran un puente entre la alta sociedad y el pueblo. Tocaba en la Alameda Central los jueves por la noche y los domingos por la mañana, donde las multitudes se deleitaban con su música.
Su talento lo llevó a codearse con figuras destacadas de la época: dedicó valses a poetas como Juan de Dios Peza (Liras hermanas), a la actriz María Conesa (Lo infinito) y al torero Vicente Segura (Torero hidalguense).
También compuso piezas inspiradas en mujeres, como las danzas Margarita y María Luisa, o el vals Pasajes de la vida para la poetisa Mercedes Castorena, reflejando su sensibilidad romántica y su admiración por la feminidad.
A pesar de su prolífica obra, la vida de Abundio estuvo marcada por la adversidad.
Vivió en la pobreza, en un modesto cuarto de vecindad en la Ciudad de México, donde su único mobiliario era un piano, un camastro y algunos instrumentos. Cuentan que, en su soledad, ataba un pollito a la pata de su cama, convencido de que en él habitaba el alma del compositor Giuseppe Verdi, una muestra de su espíritu místico y su devoción por la música.
En 1908, fue vocal de la sociedad de compositores “Felipe Villanueva”, pero el reconocimiento no vino acompañado de estabilidad económica. En los tiempos turbulentos de la dictadura huertista, Abundio sucumbió a la tuberculosis el 27 de abril de 1914, a los 49 años, dejando tras de sí un legado inmenso, pero poco valorado en su tiempo.
Su muerte, en la más absoluta miseria, no apagó su música. En 1944, Huichapan rindió homenaje a su hijo pródigo con una placa en su casa natal y otra en el kiosco del Jardín Zaragoza, donde el maestro Manuel M. Ponce elogió sus valses, comparándolos con los de Strauss por su don melódico. En 2016, sus restos, aunque no localizados en el Panteón de Dolores, fueron simbólicamente depositados en la Rotonda de Hidalguenses Ilustres, un gesto para reivindicar su talento.
Hoy, las partituras de Abundio Martínez, celosamente resguardadas en la biblioteca de la Escuela Nacional de Música de la UNAM y el Archivo General de la Nación, son un tesoro nacional.
Obras como En alta mar, Cuatro danzas y Noche apacible siguen resonando, recordándonos que, a pesar de su vida trágica, Abundio dejó un legado de elegancia y pasión que trasciende el tiempo. Su música, como dijo Ponce, lleva los dolores y los ritmos de su raza, un eco del México de finales del siglo XIX y principios del XX, donde el romanticismo se mezcló con las raíces indígenas y los ritmos europeos para crear algo único.
En Huichapan, cada 8 de febrero, se conmemora su natalicio con conciertos y actos cívicos, como los organizados en 2024 por el Instituto Huichapense de Cultura. Abundio Martínez, el músico olvidado que tocó para todos, sigue vivo en cada nota que interpreta una orquesta, en cada vals que evoca un México que ya no existe, pero que aún canta a través de su pluma.
La influencia cultural de Abundio Martínez
Abundio Martínez, el compositor huichapense, dejó una huella profunda en la cultura mexicana, no solo por su prolífica producción musical, sino por su capacidad para fusionar las sensibilidades populares y cultas de su tiempo, creando un puente entre las tradiciones locales y las influencias globales.
Su obra, que abarca más de 200 composiciones, refleja un México en transición a finales del siglo XIX y principios del XX, uinnato para la música. Sin estudios formales, aprendió armonía, contrapunto y solfeo bajo la tutela de su padre, y pronto dominó instrumentos como el piano, el clarinete, la guitarra, la mandolina y el chelo. A los 17 años, ya dirigía la banda de música de Popotlán, un logro que reflejaba su precoz genialidad.
Tras la muerte de su padre, Abundio y sus hermanas, Dolores y Soledad, se trasladaron a la Ciudad de México, un lugar que ofrecía oportunidades, pero también desafíos para un joven de origen otomí en una época marcada por la desigualdad.
En la capital, Abundio encontró su lugar en la Banda de Zapadores, dirigida por Miguel Ríos Toledano, donde destacó como clarinetista. Pero su verdadera vocación era la composición. Con un estilo influenciado por el romanticismo europeo, peron periodo marcado por el Porfiriato, la modernización y las tensiones sociales.
A continuación, exploramos su influencia cultural en diversos ámbitos:
1. Fusión de lo popular y lo culto
Abundio Martínez destacó por su habilidad para integrar elementos de la música europea, como valses, polcas y chotises, con el espíritu mexicano, impregnado de las tradiciones de Hidalgo y su herencia otomí. Sus composiciones, como el vals Arpa de Oro y el pasodoble Hidalguense, no solo eran interpretadas en salones de la élite porfiriana, sino también en espacios populares como la Alameda Central. Esta dualidad permitió que su música resonara tanto con las clases altas como con el pueblo, democratizando el acceso al arte musical en una época de marcadas divisiones sociales.
Su obra se convirtió en un vehículo para expresar la identidad mexicana, combinando el romanticismo europeo con un lirismo que evocaba los paisajes y las emociones de su tierra natal.
2. Símbolo de identidad hidalguense
El pasodoble Hidalguense, una de sus piezas más emblemáticas, se erigió como un símbolo de orgullo regional. Interpretado en corridas de toros, desfiles militares y eventos cívicos, este tema capturó el espíritu de Hidalgo y se convirtió en un himno no oficial para la región. Su adopción internacional, bajo el título En alta mar por la Marina alemana durante la Segunda Guerra Mundial, evidencia su alcance global, llevando el nombre de Huichapan y México a contextos inesperados.
Este fenómeno resalta cómo Abundio logró proyectar la identidad local a una escala universal, un logro notable para un compositor de origen humilde y sin formación académica formal.
3. Legado en la música de salón y popular
Durante el Porfiriato, la música de salón era un pilar de la vida cultural mexicana, y Abundio Martínez fue uno de sus exponentes más destacados. Sus valses, como Liras hermanas y Pasajes de la vida, y sus danzas, como Margarita y María Luisa, eran piezas que acompañaban eventos sociales, desde bailes en la capital hasta celebraciones en provincias.
Estas obras, con su estilo melódico y accesible, influyeron en la forma en que la música se vivía como experiencia colectiva, fortaleciendo la tradición de las bandas de viento y las orquestas populares. Su participación en la Banda de Zapadores y sus presentaciones en la Alameda Central consolidaron su rol como un músico que llevaba el arte a las masas, una práctica que inspiró a generaciones posteriores de músicos mexicanos.
4. Inspiración para el reconocimiento de compositores olvidados
La vida de Abundio, marcada por la pobreza y el olvido en sus últimos años, refleja las dificultades de los artistas mexicanos de su época, especialmente aquellos de origen indígena o rural. Sin embargo, su redescubrimiento póstumo, con homenajes como los de 1944 en Huichapan y su inclusión simbólica en la Rotonda de Hidalguenses Ilustres en 2016, ha inspirado esfuerzos por rescatar y valorar a compositores olvidados.
Su historia ha motivado a instituciones culturales, como el Instituto Huichapense de Cultura, a preservar su legado mediante conciertos anuales y la difusión de sus partituras, que hoy se resguardan en la UNAM y el Archivo General de la Nación.
Este movimiento ha fomentado una mayor apreciación por los músicos populares que, como Abundio, carecieron de reconocimiento en vida.
5. Impacto en la música mexicana contemporánea
Aunque Abundio Martínez no alcanzó la fama de contemporáneos como Juventino Rosas, su obra ha influido en la música mexicana contemporánea, especialmente en el ámbito de las bandas de viento, que siguen interpretando sus composiciones en festividades regionales.
Su estilo, que combina la elegancia del vals con la vitalidad del pasodoble, ha inspirado a compositores y músicos que buscan enraizar sus creaciones en la tradición mexicana. Además, su capacidad para componer sin formación académica formal ha servido como un ejemplo de creatividad y resiliencia, resonando con artistas que trabajan desde los márgenes.
6. Un puente entre culturas
Abundio Martínez, con su origen otomí y su integración a los círculos culturales de la Ciudad de México, encarnó un diálogo entre lo indígena y lo mestizo. Sus composiciones, aunque influenciadas por formas europeas, llevaban un trasfondo emocional que conectaba con las raíces de su pueblo. Este mestizaje cultural es un reflejo de la identidad mexicana, y su música se convirtió en un medio para expresar esa complejidad.
Su dedicación de obras a figuras como poetas, actrices y toreros muestra su conexión con la diversidad cultural de su tiempo, desde las artes literarias hasta el espectáculo taurino.
La influencia cultural de Abundio Martínez radica en su capacidad para trascender las barreras de clase, origen y geografía, creando música que hablaba tanto al corazón del pueblo como a los salones de la élite. Su obra no solo enriqueció el panorama musical del México porfiriano, sino que también dejó un legado que sigue vivo en las tradiciones de Hidalgo y en la memoria colectiva del país.
A través de su música, Abundio Martínez dio voz a su tiempo y a su gente, y su historia sigue inspirando a quienes buscan en el arte una forma de preservar y celebrar la identidad mexicana.

